
¿Qué es un psicoanálisis? -octavo número-
¿Qué es un psicoanálisis? La pregunta, como todo cuestionamiento acerca de la naturaleza de un saber, no es sencilla y son muchas las aristas sobre las cuales se pueden asir y elaborar —o intentar elaborar— una respuesta. A la convocatoria de este octavo número de Non nominus han respondido desde una diversidad de posturas, disciplinas y geografías, diversos autores.
La pregunta ¿qué es? se encuentra desde el surgimiento mismo del psicoanálisis. El fundador responde sin empacho alguno: es una Naturwissenschaften. Darle su estatuto de cientificidad al lado —proponía— de la física y la química era a la vez una meta y un compromiso; los conceptos resistencia, pulsión, investidura, monto psíquico, represión, etc., nos muestran en parte el cómo se intentó emparentar al psicoanálisis con aquellos campos. Empero, en ese mismo inicio, el reverso irrumpe. Toda ciencia de la naturaleza que se jactara de serla, debía operar y regirse por medio de la explicación (Erklâren) objetiva de los fenómenos sustrayéndose de ambigüedades y especulaciones; ante ese imperativo de explicar, el texto hito freudiano emerge desde las aguas de la Deutung, de la Interpretación de los sueños. La propuesta es innovadora y contundente: la interpretación es, en sí, una explicación. La interpretación se presenta como un bálsamo rejuvenecedor que sirve de herramienta a los diques de la razón; de hecho, haciendo alusión a la primera parte del Fausto de Goethe “la cocina de la hechicera”[1], Freud señala que “sin un especular y un teorizar metapsicológicos —a punto estuve de decir fantasear— no se de aquí un paso más adelante”[2]. La interpretación arriba a la escena teórica cuando los recursos naturales de la razón no bastan; la interpretación, como artificio (arte/oficio se podría decir) desata al pensamiento de sus sujeciones racionalistas. Los trabajos que en las siguientes páginas se despliegan muestran las propuestas y apuestas que sobre la interrogante que sirve de título al presente número han construido sus autores. Propuestas que —no podría ser de otro modo— esbozan de manera oblicua los derroteros y experiencias que sus mentores han vivenciado dentro del campo analítico y vida. Trabajos en los que no solo se materializa una idea sino un pronunciamiento de la transmisión de un saber y, sobre todo, el pronunciamiento de un deseo.
Xóchitl Romo nos (re)presenta la experiencia analítica instrumentando —muy a su manera— una película en donde los personajes se encuentran mediante un error, un acto de fallo. Un analista fiscal se topa con una analizante que propicia el encuentro sorprendente para ambos personajes, el instante del hallazgo de un espacio psicoanalítico, ahí donde parecía que no había ninguno. Xóchitl ahonda el lugar del analista como un lugar de silencio, de espera y de convocatoria a la construcción discursiva, al deseo. Al ¿qué es un psicoanálisis? contesta con la particularidad, con el análisis propio que se da en un espacio en el que no se anticipan respuestas, certezas, ni garantía de alivio, sino —y es mucho— el hablar con libertad de lo que se quiera, como Ana. Maria Gutiérrez nos muestra un estremecedor trabajo en donde Camille Claudel, una escultora francesa de finales del siglo XIX e inicios del XX, hace de la creación artística un escaparate del amor desgarrado; su editor, Eugène Blot, ocupa un lugar que bien pudiera ser precisamente el del analista: ser escucha de los secretos deseos y sostener la creación de vida. A la usanza de lo que se conoce como “Fábrica de casos o casos en fabricación”, María Gutiérrez lanza la mirada —y la escucha— a esta historia en donde una maternidad fracturada, un amor doloso y una obra frustrada trascienden y se petrifican en “La edad Madura”. Un avasallante estudio de una suplicante pasión enloquecida. Sebastián Plut pone sobre la mesa un cotejo, un análisis diferencial y de conjunción. Colocando un vel (rombo) entre “un” y “el” polemiza los acercamientos y las separaciones que se implican para cuestionarse qué es un psicoanálisis (lo cual apunta a la experiencia clínica) y qué es el psicoanálisis (lo cual apunta al campo de saber); el rombo —como bien se sabe— refiere la adhesión/disyunción y mayor que/menor que. El derrotero de su trabajo, con matices didácticos por cierto, nos encamina —vía “Un◊el”— a una reflexión entre la generalidad de la teoría y la particularidad del caso; pero más aún, a reflexionar las dimensiones de lo universal, general, particular y singular en la relación sujeto-teoría dentro del campo psicoanalítico. Por su cuenta, José Miguel Marinas lanza una tesis interesante en la que sostiene que el psicoanálisis nace y se desarrolla en contexto, es decir, tejido con esas formas, que son inseparables de él pero que no se confunde con ellas. La travesía de su ensayo discurre precisamente en esas formas en las que se teje el psicoanálisis y que involucran las esferas política, filosófica y social. En el texto Psicología de las masas y análisis del yo, Freud, desde el primer párrafo de su introducción, menciona que toda psicología es, en esencia, psicología social pues el prójimo cuenta como modelo, enemigo, familia, etc., y es por ese vector que Marinas nos conduce en lo que es el sujeto contemporáneo: el sujeto de la posmodernidad, desde el psicoanálisis. Abraham Godínez se apuntala sobre eso que en el dispositivo analítico guarda siempre un resto: la palabra. En ese resto se esboza irreductiblemente una relación con la verdad, pero no cualquier verdad, sino la verdad del inconsciente que se dice a medias. Con base en esto Abraham expone, haciendo alusión a la postura que Foucault tenía en relación al poder psiquiátrico, la ética del psicoanálisis que se dirige a ese saber de la verdad del inconsciente que se pronuncia en el sujeto más allá de su intento por recular; la exposición de situaciones clínicas empleadas en este agudo ensayo ponen sobre la palestra la cuestión de que, a diferencia de los otros tratamientos psi, el análisis es lo que más alejado se encuentra de la postura del amo pues no impone una verdad sino que hace una llamada al sujeto para que, al menos como posibilidad, elabore una propia. Ulises Valdez se adentra en un tema que no rara vez se vuelve apasionante y espinoso: el deseo del analista. Para su exposición —y para nombrar su trabajo— echa mano de lo que en consenso general podría considerarse la plataforma de la formación del analista, que es el análisis propio, hacer la travesía por la experiencia analítica. En el trayecto de su ensayo, Ulises Valdez realiza varias bifurcaciones tales como el empeño y el interés dentro (en la labor del psicoanalista), la institucionalidad y el re-conocimiento propio (en el pronunciarse psicoanalista) y -el más contundente-, la distinción entre el deseo de ser analista y el deseo de analizar. José Méndez merodea la cuestión del tratamiento y la meta de éste que, en el campo analítico, es radicalmente opuesta al de las terapéuticas posmodernas. En una cultura del bienestar —señala— no hay lugar para el malestar del sujeto contemporáneo. Este trabajo subraya lo insoportablemente inaudible que representa el sufrimiento humano en una época como la nuestra que caracterizada por el signo del bien-estar. El señalamiento de José Méndez nos convoca a pensar si, en el sentido de lo que implicaría una clínica de lo “humano”, ¿el sufrimiento tendría que ser forzosamente excluido?, ¿no hay también en el modo de sufrir una elección? Cuando señala que el psicoanálisis no cura, sin embargo, el paciente, si quiere y puede, sufrirá mejor abre la discusión y señala la propiedad del campo analítico dentro de las psicoterapias actuales. Gustavo Jarast nos presenta lo que bien podría considerarse, por un lado, una arqueología y una genealogía del psicoanálisis y, por otro, el deslizamiento que opera dentro de la construcción teórica de la traumdeuntung freudiana a la escucha desde la subjetividad. En su ensayo, Jarast señala y reconoce los nombres que con sus intelecciones y letras han participado en la construcción de esta pasión que es el psicoanálisis; iniciando por ese trazo unario llamado Freud, el desfile de sujetos y pensamientos circula haciendo parada en esas estaciones que son Jung, Ferenczi, Binswanger, Rank, Baranger y, por su puesto, Lacan. El vector que se desliza en la construcción teórica hace su tránsito en esos conceptos que sirven de plataforma al saber analítico, nociones tales como repetición, transferencia, interpretación, pulsión, rememoración, inconsciente, entre otros, sirven al tejido de este trabajo. Alma Beltrán revuelve la relación y el estatus de la verdad y el saber por la vía de una re-flexión a los senderos y parajes de la enseñanza de Freud y de Lacan a la que, señala, a hay que regresar a la letra. Incisiva, puntual y directa escande de tajo el saber universitario vinculado al discurso del amo, de la construcción de una verdad, la del inconsciente, que se erige y suspende en el espacio analítico. La concreción de su trabajo nos hace entrar de súbito, a toda vela, en la dimensión de las desarticulaciones epistémicas entre el falso saber del sujeto de la ciencia y el límite de la verdad por el saber del sujeto de la experiencia analítica. A la pregunta del título del presente número responde sin trastabillar: ¿qué es un análisis? Es el espacio en el que un individuo deviene sujeto en tanto que habla su lengua, la lengua del inconsciente, y su castración. Aguzando la diferencia de los espacios de psicoanálisis (el público y el privado), subraya, secundando la letra de Lacan, que la verdad inconsciente del sujeto, que no es una verdad fáctica, es la de la historia. Antonio Sánchez hace hincapié en la cuestión del trayecto como eje de la formación y la construcción de psicoanálisis; su trabajo va bifurcándose en los senderos se juegan en ese trayecto de ser analista. Haciendo muy pertinentes acotaciones acerca de aspectos que tienen que ver con la institucionalización (y sus latentes peligros), la gogía (que implica y separa la enseñanza de la transmisión), la teoría (como guía práctica y riesgo de reproduccionismo), el lugar del analista (con reconocimientos de los otros y el reconocerse), etc., Antonio Sánchez finiquita su ensayo señalando que, en la trayectoria del ser analista y del considerar la subjetividad inconsciente lo importante no es repetir ni contenidos, ni resoluciones, sino la creación singular de ese modo de estar frente a otro, en donde la incertidumbre es presupuesto para la recreación de esa profesión imposible: psicoanalizar. Fernando del Moral nos sumerge en uno de los conceptos que puede ser considerado como de los más densos, oscuros e inaccesibles: la dimensión de lo Real y sus efectos. Lo real, eso que se apunta a lo imposible, a lo que hace agujero, a lo que no cesa de no inscribirse; vinculado al síntoma —apunta del Moral— por lo que resta como goce, como a. Inasible para lo simbólico, espectro en lo imaginario. Instrumentado y aderezado de pasajes, casos y fragmentos de películas, este trabajo no recula pensar ese imposible que se dinamiza en el espacio analítico (y fuera de éste), pensar ese real que muestra eso que no marcha en el mundo enmarcado por el fantasma del sujeto.
Por último, pero no menos importante, este número cuenta con dos participaciones en ese vitral estético llamado Forum. Victoria Leal invita a la danza de la reflexión con los acordes de líricos aforismos en que el pensamiento se regodea en lo lúdico de la fugacidad. Daniel Máximo Pérez se apuesta en dos constructos poéticos en los que, no podría ser de otro modo en esta octava apuesta de Non nominus, ese deseo de la creación destella y estalla en la arquitectura de las palabras.
En Análisis terminable e interminable, Freud coloca al psicoanálisis en un lugar imposible, un lugar, quizá, de vacío. Sean pues estos trabajos una no negación a lo que ese lugar imanta; no con el fin de colmarlo y decirlo todo —empresa inconcebible—, sino por sostener la posibilidad de decir algo.
Adrián Sigifredo García Jiménez
Guadalajara, Jalisco.
20 de mayo del 2008.
[1] Se habla del rejuvenecimiento de Fausto. Mefistófeles le propone una vida campiarana y aquel se resiste argumentando que no le agrada una vida estrecha; “es preciso entonces que la hechicera intervenga” y acuden a ella para que elabora el elixir para rejuvenecer.
[2] Freud, S. Análisis terminable e interminable. O. C. T XXIII. Amorrortu. Argentina. 1982. p 228

Hola
Estuve de intercambio el año pasado en Guadalajara y tuve la oportunidad de conocer la revista, la cual me encantó.
Quiero saber si puedo encontrar la revista 9 cerca de la Cd. de Puebla o el DF.
Gracias
Libertad
Estimada Libertad:
Agradecemos el interés por adquirir nuestra revista. En el DF, puedes adquirirla en la librería que se encuentra al interior de la Facultad de Psicología de la UNAM.
Saludos cordiales
Gabriela Gómez
Editora
Hola Yazmín, disculpa la demora en la respuesta. Nuestro correo es nonnominus@hotmail.com
Agradecemos tu interés.
Hasta pronto.
Estimada Laura. Adrián Sigifredo es un colaborador de nuestra revista, si quieres contactarte con él, su correo es el siguiente: adsigaji@yahoo.com
La revista la puedes encontrar en las librerías “El crisol de la psicología”, ubicadas en Sierra Nevada 959, frente a la facultad de psicología de la UdG, y la otra está en López Cotilla1498, a media cuadra de Av. Chapultepec. en Guadalajara.
Hasta pronto.
Gabriela Gómez
Editora